sábado, 16 de noviembre de 2013

El Rey Arturo: Mito o Realidad


Desde hace muchos siglos, se debate aun, si el personaje, muy enaltecido, de Arturo, rey de Britania, existió en realidad o es una creación fantástica y muy elaborada, qué, con el pasar de los tiempos, más bien se ha transformado en un concepto de rectitud idílica del ideal monárquico.

Portada del libro: El rey Arturo, escrito por
N. C. Wyeth

Desde el retiro progresivo del Imperio Romano de Britania, en el siglo V, ante las constantes acometidas de tribus bárbaras por toda Europa, en el área que hoy es Inglaterra, la población de la isla merma en unos tres millones de habitantes, quienes, ante la inseguridad imperante y la incertidumbre, prefirieron abandonar el territorio en busca de una estabilidad, que en definitiva, tampoco iban a encontrar en ninguna otra parte de Europa.

La vasta región ahora estaba conformada por un pequeño número de habitantes, alrededor de un millón, carentes, a partir de entonces, de una organización administrativa eficiente, sin la fuerza de un régimen que los protegiera y sin una cabeza gubernamental fuerte, el territorio se fracciona entonces, en una multitud de pequeños reinos, liderados por reyes efímeros, que luchaban entre ellos para mantener lo poco que tenían. Era sólo cuestión de tiempo antes que otras potencias vieran algún tipo de atractivo en estas tierras y las quisieran conquistar.

Asentamientos celtas. Modestas construcciones en madera, muy vulnerable
a las invasiones.

De este caos, surge Arturo, o al menos la leyenda de él. Un líder valiente y carismático, quien vio en la unidad de estos pequeños reinos bretones, la única esperanza de resistir las abatidas de las tribus extranjeras: anglos (Dinamarca) y sajones (Alemania).

Los pobladores rezagados de la Britania de Arturo son de origen celta y por un tiempo, ya muy corto, va a haber un resurgimiento de su cultura, tradiciones y religión (el druidismo), antes de ser absorbido por el incipiente avance del cristianismo. De la filosofía druida muy poco se sabe, y en gran medida, todo son conjeturas, ya que sus prácticas fueron proscritas por los emperadores Claudio y Nerón, no quedando ni un objeto arqueológico al que aferrarse. Pero algo se sabe de ellos, y es gracias a Julio Cesar, quien hace referencia en su libro: Comentarios sobre la Guerra de las Galias, escrito en el año 50 a.C., en el que relata que fueron una secta sacerdotal, con un inmenso poder político, que creían en la inmortalidad del alma y la reencarnación del cuerpo.

El vículo entre los druidas y la naturaleza es primordial. Los bosques
son sus templos, razón por la cual no existe ninguna construcción de ellos.

Julio Cesar los describe así: “Respecto a sus enseñanzas propiamente dichas, el objetivo principal de toda su instrucción es, en la opinión de ellos, imbuir a sus estudiantes con una creencia firme de la indestructibilidad del alma, la cual, de acuerdo con sus creencias, simplemente pasa de un inquilino a otro tras la muerte; solamente por esta doctrina, que roba a la muerte todos sus temores, puede desarrollarse la forma más elevada de valentía humana. Secundarias a este principio fundamental, ellos sostienen varias disertaciones y discusiones sobre astronomía, sobre la extensión y distribución geográfica del globo, sobre las diferentes ramas de la filosofía natural y sobre varios problemas relacionados con la religión.” En la historia de Arturo, su personaje principal, es el mago Merlín.

Representación del mago Merlín según la visión de Disney
en su película La Espada en la Piedra.

La primera referencia que se tiene de Arturo, cómo rey de los bretones, es del monje Geoffrey de Monmouth, quien, en el siglo XII, escribe Hitoria Regum Britanniae, relatando los orígenes de los reyes de Britania, cronológicamente, desde la llegada ancestral de los troyanos, tras su apoteósica derrota en La Guerra de Troya, hasta la conquista del territorio por los sajones, en el siglo VII.

El monje Geoffrey de Monmouth representado en una
iluminación medieval del siglo XIII junto al mago Merlín.

Con el paso de los años, distintos escritores, han contribuido a conformar la imagen literaria del rey Arturo, diluyendo en la poesía caballeresca , sin intención, la posibilidad real de su existencia histórica. Inspirado en la referencia de Geoffrey de Monmouth, el novelista francés, Chrétien de Troyes, escribe, unos años después, sus novelas: Lancelot, el Caballero de la carreta y Percival o el cuento del Grial. Un siglo después (XIII), Wolfram von Eschenbach, de origen alemán, nos lega su obra: Parsifal, de la que el músico Richard Wagner se inspirará para componer su épica ópera en 1882. Y la más relevante de todas las narraciones es La muerte de Arturo, escrita en 1485 por Sir Thomas Malory, quien recolecta las aventuras más significativas, ensamblándolas con creaciones propias.

El personaje de Arturo nace del deseo lujurioso de Uther Pendragon, rey de una pequeña comarca galesa, por la mujer de Gorlois, duque de Tintagel, en Cornualles, en el extremo sur oeste de Inglaterra y para poder satisfacer su apasionado deseo sexual con Lady Igraine, Uther convence a Merlín que lo transforme en la imagen y semejanza del esposo de ésta: Gorlois, quien para ese momento está en batalla. Merlín acepta, pero con una sola condición: el fruto de ese amor prohibido será de él: Arturo. El rey Uther, enceguecido por la pasión, no evalúa el inusual pedido de Merlín y acepta.

El rey Uther Pendragon, ilustrado por Hoeard Pyle.

Lady Igraine cree que el hombre que está con ella es su esposo, quien, en el mismo instante del éxtasis, muere en batalla. Uther, satisfecho y contento, abandona el lecho, sin imaginarse que su amante ha quedado embarazada. Los habitantes del ducado de Tintagel, al enterarse de la muerte de su señor: Gorlois, presionan a Lady Igraine a que contraiga matrimonio con Uther, para mantener la alianza y no involucrarse en otra desgarradora guerra. Nueve meses después, Merlín reaparece intempestivamente en busca del recién nacido Arturo, al que despoja de los brazos de su madre y ante la impotencia de su padre.

Ruinas del castillo de Tintagel, en donde muchos creen
nacio Arturo.

El mago Merlín sabe que el destino de ese niño ha de ser grandioso y como analogía a la vida de Jesucristo (en la que ésta historia cuenta con muchas similitudes), él debe criarse ajeno a su linaje y por mérito propio surgir y transformarse en el gran rey que su pueblo necesita y añora, consolidando su gran proeza, con su muerte.

El rey Uther Pendragon, poseedor de la legendaria espada Excalibur, es emboscado y asesinado, pero antes de morir, para evitar que la espada mágica sea usurpada, en un acto desesperado por protegerla, la clava en una piedra y sólo, el verdadero heredero, la podrá extraer. En los años de caos, que precedió al homicidio del rey, uno tras otro, docenas y cientos de pretendientes, ganadores todos, del derecho intentan sacar a Excalibur de su prisión pétrea y convertirse en rey de Inglaterra, pero ven frustrado su ego, ante la imposibilidad de tal hazaña. Sólo Arturo puede y él lo ignora.

Excalibur, la espada en la piedra, el que la extraiga
regirá los destinos de Inglaterra.

Merlín le entrega el niño a Sir Héctor para que lo críe y eduque. Junto a él y su hijo Kay, Arturo crece y a los 16 años de edad, su destino se le interpone, frente a frente con Excalibur. Desconociendo el ritual de intento de extracción, y sin ser aun caballero, se acerca a la espada y la saca fácilmente de la piedra, ante los ojos incrédulos de muchos que observaban. Inglaterra tenía finalmente a su digno heredero. Arturo, habiendo jurado ante todos, igualdad y justicia, emprende, con un grupo de doce fieles seguidores, doce batallas que habrán de liberar al reino del yugo extranjero y por doce años disfrutaran de paz y desarrollo.

El actor Nigel Terry, Arturo, recibe de La Dama del Lago, la restitución
de la espada Excalibur, de la película homónima, del año 1981.

Victoriosos, Arturo y sus hombres crean una alianza que será conocida como La Orden de los Caballeros de La Mesa Redonda, en la que todos por igual disfrutan de los mismos derechos, en el fabuloso castillo de Camelot, y él pasa a ser “primero entre iguales”. Pero éste equilibrio perfecto se rompe cuando Sir Lancelot, el más confiable y fiel amigo de Arturo, se enamora de la esposa de éste, Ginebra, y ambos se convierten en amantes. La traición, de inmediato, se manifiesta con el decaimiento del reino, las cosechas se mueren, la tierra se hace infértil, la enfermedad azota a la población. Como si Arturo y su reino fueran uno. La única solución a tan grave crisis es la búsqueda del Santo Grial, la copa que Jesús utilizó en La Última Cena.

Ilustración del siglo XV en donde se representa los Caballeros de la
Mesa Redonda y en el centro, la aparición del Grial.

Sólo el caballero más digno puede encontrar la copa sagrada, traída a Inglaterra, siglos atrás, por José de Arimatea, el aristócrata que cedió su tumba para enterrar el cuerpo de Jesús. Según la leyenda, el Santo Grial tiene el poder de sanar y traer vida eterna, de cuerpo y alma, jugando un rol de transición entre el paganismo y el cristianismo. Es una reliquia de fe, que vincula a Arturo con Jesús. Pero muchos años van a pasar antes que Galahad, hijo de Lancelot, encuentre el Grial, o más bien, su significado, al que comunica a Arturo. La luz retorna al rey y con él revive de nuevo el reino, para ser retado nuevamente, pero ahora por su hijo: Mordred.

Los caballeros de La Mesa Redonda parten en lka épica búsqueda del Santo Grial.

Mordred fue el resultado de una relación incestuosa entre Arturo y su media hermana Morgana, quien valiéndose de ser hechicera, acondiciona a su hijo, ya hombre, a rivalizar en contra de su padre, por celos y deseos reprimidos. Es una lucha entre el bien y el mal, en la que Arturo sabe, que sólo con su sacrificio puede salvarse el reino, peleando, padre e hijo entre sí hasta la muerte. La lucha es feroz y ambos quedan fatalmente heridos.

La hechicera Morgana, media hermana de
Arturo e hija de Lady Igraine y Gorlois.
Autor: Anthony Frederick Sandys, 1864
Museo de Arte de Birmingham, Inglaterra.

El cuerpo de Arturo es llevado en barco hasta la isla de Avalon, que en la mitología celta es una representación del Paraíso. La espada Excalibur es lanzada de nuevo al lago en donde vive La Dama del Lago, a la espera del retorno del rey, que al igual que a Jesús, se le aguarda para el Segundo Advenimiento.

La muerte de Arturo
Autor: Edward Burne-Jones, 1898

En los inicios del Medioevo, existe una delgada línea entre la realidad y la fantasía, por las pocas o nulas referencias históricas, a falta de textos fiables, que avalen la narración oral. Si además, se trata de un personaje como Arturo, al que tantas personas han colaborado en engrandecer sus hazañas y romantizar su entorno, creando a su alrededor elementos falsos para apropiarse así de su memoria física, con el objetivo de atraer a crédulos a peregrinar ante sus reliquias.

Entre las docenas de películas o series de televisión, es de mí parecer, que la más relevante de todas es Excalibur, estrenada en 1981, producida y dirigida por John Boorman y protagonizada por: Nigel Terry (Arturo), Helen Mirren (Morgana), Gabriel Byrne (Uther Pendragon) y Liam Neeson (Sir Gawain).

Trailer de Excalibur




Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

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