miércoles, 26 de agosto de 2015

El Primer Concilio de Nicea


El emperador Constantino I es ahora amo absoluto de toda Roma y en ésta época eso no es nada fácil, teniendo en cuenta que el imperio rodea la totalidad del Mar Mediterráneo y se extiende tierra adentro cruzando el Canal de la Mancha hasta Inglaterra, alrededor de 6.500.000 Km2, kilómetros más kilómetros menos. Tierra de muchas idiosincrasias, culturas, ancestrales rivalidades y ambiciones particulares. El emperador Constantino I en su búsqueda de puntos de unión nota, a diferencia de su antecesor Dioclesiano, que el Cristianismo se ha extendido por todo el territorio y es lo único que en verdad tienen todos en común, así que en el año 313 firma El Edicto de Milán y otorga libertad de culto a los muy perseguidos cristianos. Finalmente, ésta secta religiosa, después de 250 años de reiteradas persecuciones, 10 de las cuales muy sangrientas, se pueden expresar, construir lugares de culto y sumar más adeptos, para transformarse en la religión oficial del imperio. 

Las manchas azul oscuro representan la influencia cristiana
para el momento de la realización del Concilio.

Pero existe un problema técnico, la aproximación a Cristo tiene muchas, muchísimas vertientes distintas, cada obispo de cada zona tiene una visión distinta al cómo interpretar las escrituras y la razón es que cada uno de ellos, generación tras generación, aislados como estaban, generaron una religión que se adaptaba a sus realidades particulares, ya fuesen geográficas o culturales, ahora en el ámbito global, esa diferencias le generaban al emperador un conflicto de base, hay que conciliar posiciones, el camino debe de ser uno y las pautas, a las necesidades políticas del imperio, las va a generar él, el emperador, convocando el 20 de mayo del año 325 dC a una reunión de obispos de todos los recónditos del territorio. En la historia éste evento se va a conocer como El Primer Concilio de Nicea.

Presencia de Constantino I en el Concilio
Fresco en los aposentos papales en el Museo del Vaticano

Para el evento asistieron alrededor de 300 obispos, teniendo en cuenta que hace mil setecientos años el trasladarse de un lugar a otro no era tan sencillo y se escogió la ciudad de Nicea, hoy en Turquía, porque allí estaba el Palacio de Verano del emperador y el desarrollo y la conclusión final del concilio para él era de suma importancia. No sólo asistió a todas las reuniones, sino que dio las pautas finales, algo así como esto es lo que se tiene que aprobar y dejó que los obispos adeptos a sus políticas se sintieran “autónomos”. El punto de inflexión son dos posiciones encontradas: los que veían en Jesús las dos naturalezas, la humana y la divina, en sí Dios, al haber sido engendrado por él a través de María, y los que veían a Jesús como una creación de Dios, con lo que no lo convierte en un dios, sino en un mensajero de su palabra divina, posición que defendió apasionadamente el presbítero Arrio y cuya visión se conoce como arrianismo. A Constantino I le conviene más la visión de las Dos Naturalezas, por ende la que Jesús es hijo de Dios.

A lo largo de dos meses de intensos debates el tópico en cuestión, la verdadera naturaleza de Jesús, se va definiendo, a veces incluso con violencia, cuando por ejemplo el obispo Nicolás de Bari (hoy san Nicolás, el que reparte los regalos en diciembre) golpea en la cara a Arrio, quien a pesar de ser minoría en éste concilio, defendía su causa con pasión. Al final el resultado fue conveniente para el emperador y Arrio fue considerado hereje, perseguido, su obra destruida y eventualmente olvidado, al menos por la religión cristiana, no tanto por la islámica (300 años a la fecha).

El presbítero Arrio abajo en el centro condenado como hereje.

Para concretar la decisión se redacta un credo, El Credo que hoy conocemos y rezamos, en donde se hace énfasis en las dos naturalezas de Jesucristo (Jesús hombre, Cristo divino) en el que es engendrado y no creado,

“…Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre…”

El emperador Constantino I está satisfecho y el resultado va a ser divulgado e impuesto en todo el imperio, pero lo que no previeron con éste dogma fue el que en una religión que se dice ser monoteísta ahora estaba conformada por DOS entidades divinas: el Padre y el Hijo, y si además le sumamos el Espíritu Santo... Razón por la cual se habrán de realizar muchos otros concilios para unificar criterios, de los cuales hablaremos en otras oportunidades.

Constantino I en el centro sosteniendo el texto del Credo

 Otros puntos que se definieron en el Primer Concilio de Nicea:
  • La prohibición del auto castración.
  • El reconocimiento por parte de cada provincia respectiva de las autoridades supremas: el Patriarca de Alejandría, el Patriarca de Antioquía y el Papa de Roma (decisión que a futuro fracturará a la Iglesia de occidente y oriente).
  • La prohibición de destituir a los sacerdotes.
  • La necesidad de la presencia de un obispo o un presbítero al momento de la eucaristía.
  • Etc.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi