viernes, 2 de junio de 2017

El Vandalismo en el Arte


La Piedad de Miguel Ángel

En 1972 el geólogo húngaro Laszlo Toth, 32, entra en la Basílica de San Pedro, Roma, se dirige a la escultura La Piedad, esculpida por Miguel Ángel en el año 1499, extrae un martillo de su bolsa y comienza a gritar, "yo soy Cristo resucitado de entre los muertos", mientras le da un total de 15 martillazos a la obra antes de lograr ser detenido por la multitud, rompiéndole el brazo, la rodilla y la nariz a la virgen María y astillando otras partes de la escultura. 


Laszlo al momento de ser detenido.

Laszlo fue arrestado y deportado, pero nunca condenado por su crimen, pero desde ese momento y luego de ser minuciosamente restaurada, La Piedad permanece protegida en un nicho tras un vidrio contra balas y alejada de los entusiastas que visitan la basílica con el fin de admirar una de las piezas más famosas de la historia.


El rostro de la virgen María después de ser reparado.

En el año 1498 a Miguel Ángel Buonarroti le es encargada la escultura de La Piedad por el cardenal de la Villiers como pieza monumental para ser colocada sobre su mausoleo al momento de su muerte, en la capilla de Santa Petronila en el Vaticano y le paga una suma considerable de 450 ducados de oro con la única condición que la finalizara en menos de un año. Es bien sabido lo meticuloso y detallista que era Miguel Ángel y el tiempo que él le dedicaba a cada una de sus obras, pero el cardenal estaba muriendo y deseaba verla antes de fallecer. Nuestro artista de 23 años de edad se dedica a ella noche y día, obsesionado, como ya era natural para poder cumplir con el compromiso, logrando la hazaña en 363 días, dos días antes de lo pautado, pero seis días después de la muerte del cardenal.



La masiva pieza de mármol blanco de 174 cm x 195 cm y con un peso de 5.5 toneladas es colocada en el lugar asignado. De inmediato atrae la atención de todos y éstos se preguntan ¿Quién será el artista? Cada uno comenzó a especular y más de un nombre fue sugerido. La escultura en ese momento no estaba firmada. Miguel Ángel estaba presente y su ego lo carcomió, pero en vez de reclamar a gritos su autoría esperó con impaciencia la noche para cincelar en la banda, sobre el vestido de la virgen María, su nombre: “Miguel Ángel Buonarroti, florentino, la hizo.” Nunca más necesitó firmar otra obra.


MICHAELA[N]GELUS BONAROTUS FLORENTIN[US] FACIEBA[T]

Unos años después el arquitecto Bramante, diseñador de la actual Basílica de san Pedro, tuvo que demoler la capilla de Santa Petronila, al igual que la antigua Basílica de san Pedro, para dar paso a su nueva obra, dejando a La Piedad en una especie de Limbo hasta que en 1749 es colocada en la primera capilla de la majestuosa basílica.


Antigua Basílica de san Pedro con la capilla de santa Petronila al lado.

La escultura está diseñada para ser vista por todos sus ángulos, recorriéndo en círculo, pero gracias al ataque perpetrado sólo puede ser vista de frente, a distancia y detrás de un vidrio... ¡gracias Laszlo!



Esa no ha sido la única vez que una obra de arte ha sido atacada de manera deliberada, por el contrario, es más usual de lo que uno piensa, razón por la cual cada vez vemos más obras con vidrios de protección, afectando desde ese  momento la manera en que la vemos, ya que el reflejo de lo que está detrás ahora se mezcla con el cuadro.


En 1914, la sufragista Mary Richardson, decidió atacar a La Venus del Espejo
de Diego Velázquez,1651, en el National Gallery de Londres, para llamar la
atención a su causa: obtener el voto para las mujeres.

La Venus del Espejo luego de la exhaustiva restauración. Esta es la única pintura
de desnudo que sobrevive del maestro español, ya que para la época la censura
moral creada por La Inquisición Española lo prohibía. 

Hay innumerables casos de ataques cobardes a las obras de arte, pero las más comunes son: fanatismo, demencia, desorden mental y vandalismo, aunque en la mayoría de los casos resulta que el atacante lo busca notoriedad, al ligar de ese modo su mediocre existencia a la de la obra, ya que, hasta ahora, las condenas por "Vandalismo Artístico" no son tan severas como uno pensaría, pero eso debería de cambiar, ya que la agresión al final del día no se le está haciendo a la "Obra", sino a la memoria colectiva de la humanidad.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi



jueves, 2 de marzo de 2017

El enigma del escritor Christopher Marlowe

De no haber existido William Shakespeare el nombre de Christopher Marlowe brillaría en lo más alto de la escritura inglesa.



Retrato aparente de Christopher Marlowe
Autor anónima, 1585
Corpus Christi College, Cambridge, Reino Unido

En su corta vida, 29 años, Marlowe revolucionó la literatura teatral, modernizándola de una forma sin precedentes y convirtiéndose en uno de los pilares del Período Dorado Isabelino y, todo eso con su elocuente narrativa del drama histórico, eliminando la rima y el deseo de romper con los estándares tradicionales de la puesta en escena, en donde la música y el baile los sustituye por los diálogos astutos, captando así y por primera vez, la atención total del espectador, a la obra. Y de pronto, de la forma más absurda e inesperada muere, asesinado por un oscuro personaje de nombre Ingram Frizer, el 30 de mayo de 1593. Pero su estilo literario y su narrativa no, lo que ha generado una cantidad de conjeturas y especulaciones de lo que realmente pasó o pudo haber pasado esa noche en la taberna de Eleonor Bull. Según se sabe el cuerpo de Marlowe fue enterrado en una tumba anónima y el asesino fue indultado y puesto en libertad por orden de la reina Isabel I Tudor cuatro semanas después del homicidio.



Detalle del Retrato de "Elizabeth I Tudor"
Autor anónimo, c. 1575
National Portrait Gallery, Londres

Desde el principio, la vida de Christopher Marlowe, ha estado rodeada en un velo de misterio, desde el tiempo en que estudió en el Corpus Christi College en Cambridge, en la que, debido a sus largas ausencias a la ciudad de Reims, Francia, se le negó el otorgarle la licenciatura en la maestría de letras, pero gracias a una inesperada carta de la mismísima reina Isabel I, en la que a grandes rasgos y sin mayores detalles, solicita sea reconsiderada esa decisión, y de inmediato le entregan el título. ¿Pero qué contactos pudo haber tenido un joven estudiante? hijo de un zapatero, entre tantos otros, para que la reina intercediera por él. La respuesta ante esta interrogante, ¿puede ser? que él, reclutado para el servicio secreto por sir Francis Walsingham, Secretario de Estado de la reina, haya estado trabajando encubierto para informar sobre los muchos complots cristianos que se gestaban en esa época, para derrocar o asesinar a la “ilegítima” reina protestante de Inglaterra. Una red de espionaje sin precedentes que sentó las bases de la seguridad de estado digno de “La Guerra Fría”.



Retrato de "sir Francis Walsingham"
Autor: John de Critz, 1585
National Portrait Gallery, Londres

Si continuamos estirando el hilo, ¿qué mejor forma de infiltrarse en los bajos fondos londinenses? el sub mundo artístico, si ya se cuenta con un prontuario policial; Marlowe fue encarcelado por participar en un duelo, aunque fue como espectador, pero igualmente cómplice de un método de ajusticiamiento prohibido por el Estado, con el objetivo de evitar la anarquía social, al tomar los asuntos legales bajo sus manos, pero aun seguía siendo práctica usual. 

Sus seis años como escritor fueron muy productivos y sentó las bases de su genialidad literaria, entre sus obras se destacan: Tamerlán el Grande, La matanza de París, Doctor Fausto y La vida de Eduardo II de Inglaterra, todas ellas escritas, producidas y representadas en escena, con gran éxito, y de pronto, un buen día, un amigo lo traiciona en una confesión extraída bajo tortura, quedando su nombre en tela de juicio y es arrestado, pero mientras espera, junto a otros, su destino inmediato es asesinado. 

Algunos historiadores, al menos desde el siglo XVIII, consideran que el asesinato de Marlowe fue una farsa para proteger la vida de uno de los principales espías de sir Francis Walsingham, en un momento en el que su identidad pudo verse cuestionada o descubierta. De ser así, la estrategia resultó, pero el único problema es, que “el escritor escribe”, y esa necesidad se manifiesta en el deseo de ser publicado, pero es algo complicado si estás muerto, aunque sea en apariencia, razón por la cual necesitas conseguir una fachada, una persona que firme y presente, como suyas, las obras en cuestión y es allí, en donde aparece William Shakespeare, un hombre que no tuvo preparación ni educación académica, que de la nada se convirtió en una de las mayores celebridades literarias de la historia, pero con el mismo estilo, temática e igual narrativa sin rima que Marlowe dominó a la perfección. 


Retrato de "William Shakespeare"
Autor: Louis Leonard, c. 1610
National Portrait Gallery, Londres

De ser esto cierto, ¿Cuál es el beneficio para Shakespeare y cual es para Marlowe? Al primero, sin duda, uno monetario y al segundo, la libertad para poder continuar con sus labores de espionaje, protegiendo su identidad y los intereses de su reina. Una teoría descabellada, que tiene ya, casi tres siglos en el tapete. 

En el año 1976, el cineasta norteamericano Woody Allen, produce una película de nombre El Testaferro, en la que un personaje oscuro y anónimo de pronto surge como una celebridad, mientras, a través de él, varios escritores perseguidos por aparecer en la “lista negra” del infame senador  Joseph McCarthy, en su absurda obsesión de perseguir a comunistas en los Estados Unidos, "el Macarthismo", publican sus manuscritos para poder seguir subsistiendo.



Woody Allen en la película El Testaferro.

En el año 1998 se realiza la película Elizabeth, basada en los primeros años de la vida de la reina inglesa, protagonizada por la actriz Cate Blanchett y Geoffrey Rush como su ministro de seguridad, sir Francis Walsingham, en la que se observa, como maquina sus métodos para conseguir la información e inculpar a los que él considera peligrosos para, literalmente, eliminarlos, todo en el marco de la legalidad.


Cartel publicitario de la película Elizabeth,
ganadora de un Oscar, dirigida por Shekhar Kapur

Es una anécdota muy curiosa, que el mismo día, en que murió William Shakespeare, el 23 de abril del 1616, también fallecieron Miguel de Cervantes y el Inca Garcilaso de La Vega. Considerados los tres grandes escritores de la época; uno anglosajón, el otro hispano y el tercero hispanoamericano.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi